Al igual que Prometheus luchó contra los dioses en favor de la humanidad, este blog es el último bastión de lucha contra la dictadura de lo políticamente correcto.
sábado, 14 de octubre de 2017
PAIDEIA O LA AMBICIÓN DE FORTALEZA FÍSICA E INTELECTUAL
Nos servirá para adentrarnos en el tema de la educación, la introducción de Werner Jaeger en su clásica obra Paideia: los ideales de la cultura griega, ya que nos indica de forma sintética aquellos puntos esenciales que pueden caracterizar a esta.
Con paideia, se denota a la antigua formación del hombre Griego. Esta formación se desliga de la sesgada idea que tenemos hoy en día con la noción de educación. La paideia es una formación integral del ser humano, que atañe con igual importancia al cuerpo y al espíritu. Jaeger destaca que el término alemán que más se acerca es bildung, acepción muy similar a la griega en tanto que destaca el elemento de configuración o de modelación, propio de una cultura tan artística como lo fue la antigua Grecia. Podemos por tanto, hacernos una primera idea de la paideia como la formación física y espiritual de un individuo, entendiendo por espiritual lo referente a la psique, el intelecto.
A continuación, Jaeger pronuncia palabras contundentes que sirven para comprender la importancia que tiene la paideia y que a veces no se le hace justicia. Así pues, afirma: “La historia de aquel que, con plena conciencia podemos denominar nosotros como cultura, no empieza antes de los griegos” . De este modo, Jaeger hace una conexión directa y general entre la paideia y la cultura. Siendo la cultura un concepto tan general, y que a todos atañe, se evidencia la importancia de la aseveración. Se intuye por tanto, que la paideia no es un concepto teórico relativo a una actividad más, sino que es un concepto nuclear para comprender lo que denominamos cultura occidental.
Así pues, no es el egoísmo individualista moderno que se desliga del estado lo más propio del legado Griego antiguo, sino la confianza en el ser humano, como ser que puede ser modelado para ser cada vez mejor, idea que se plasma a la perfección con el sentido de su educación: la paideia.
En la Grecia arcaica, en un contexto campesino ajeno a las polis y su legislación, la primera educación se presentaba posiblemente bajo imperativos de transmisión oral de valores y normas. Asertos de moralidad y reglas que sugerían prudencia como: “en la medida está lo mejor”, que a su vez nos recuerda al término medio aristotélico, ya que como veremos, tanto Platón como Aristóteles recogen muchas de las concepciones de la Grecia arcaica. Esta primitiva educación estaba también relacionada con la techné, el conjunto de conocimientos necesarios para la realización de algo. Podemos hallar esta sabiduría popular y sus consiguientes reglas de conductas cargadas de supersticiones en la poesía rural de Hesíodo.
Pero adentrándonos más en la antigua educación Griega, debemos destacar que servía para la formación de un tipo ideal, que por tanto estaba reservada a una pequeña clase social, que eran los nobles. Así, afirma Jaeger: “La historia de la formación griega… empieza en el mundo aristocrático de la Grecia primitiva con el nacimiento de un ideal definido de hombre superior”. Al ser una educación propia de la aristocracia, servía para marcar las diferencias sociales entre los nobles y los demás. Esta diferencia, que es además el concepto esencial de la educación primitiva griega es la areté. Nuestro término virtud no nos servirá para aprehender su significado originario. La arete, propia de la nobleza, se caracteriza por una conducta selecta unida a un heroísmo guerrero. Homero es el gran representante de la cultura aristocrática helénica. Con sus obras capitales, la Odisea y la Ilíada, Homero expresa de forma poética los ideales de la antigua aristocracia griega.
La areté, no solo era aplicable a los seres humanos, para decir que eran excelentes, sino que era aplicable a seres no humanos como dioses, o buenos caballos. Así, según nos dice Werner Jaeger, los dioses homéricos podrían ser comprendidos en términos de nobles inmortales. Por supuesto, los hombres ordinarios, así como los esclavos carecen de areté. Se puede precisar también por arete, aquello que es la fuerza que constituye la perfección de algo. Esto está muy ligado al vigor físico, ya que se valoraba en gran medida en estos tiempos. Es necesario referir también, que este concepto de areté, al contrario que sucederá con la irrupción de Sócrates en la filosofía, carecía de valor moral. No era en absoluto equivalente a bueno, si acaso, a un ser excelente. Por tanto, ahora es imprescindible conocer que entendían estos hombres por excelencia o como se alcanzaba dicha excelencia.
El combate y la victoria que se obtiene del combate es la forma predilecta para obtener arete. El ejemplo paradigmático de individuo con arete es Aquiles. Pero su maestro, Fénix, sentencia unas palabras acerca de esta educación aristocrática que arrojan gran luz al asunto: “Para ambas cosas, para pronunciar palabras y realizar acciones”. Estas palabras pronunciadas al respecto de la educación, nos muestra que no era un concepto tan rudo, que si bien denotaba un claro elemento de acción bélica, por otro lado, denotaba una nobleza de espíritu.
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