sábado, 14 de octubre de 2017

Prometeo: de la antigua Grecia a la Modernidad

Como no podía ser de otra forma, iniciaremos nuestra trayectoria intelectual en el Rincón de Prometeo, especulando sumaria pero profundamente sobre la figura mitológica de Prometeo. Y es que existe una fuerza en esa figura que la distingue de las demás, una fuerza que nos atrae e impulsa a la acción: la superación. A mi juicio, Prometeo es la figura del sacrificio y la superación. La mitología nos dice que este ser era hijo de un titán cuyo nombre era Iápeto. Su trayectoria se jalona con dos sucesos clave. La primera es el engaño denominado de Mecona, llamado así por el lugar donde supuestamente sucede. Aquí, los hombres se disponían a realizar un sacrificio en honor a Zeus. Prometeo intervino en beneficio de los hombres diciéndoles que hicieran dividiesen el sacrificio en dos partes, en una estarían las partes menos útiles para alimentarse del animal sacrificado y en la otra las partes más suculentas. El objetivo de Prometeo, era que Zeus escogiese las partes del sacrificio animal más despreciables quedando los hombres con las partes cárnicas para su sustento. Tras esto, Zeus se entera y castiga a los hombres retirándoles el fuego. Prometeo interviene de nuevo en favor de los hombres y roba el fuego a los dioses para devolvérselo a los hombres. Tras esta acción, Zeus castiga tanto a Prometeo como a los hombres. Al primero le condena a una existencia durante 400 años donde un águila le devorará el hígado que renace diariamente para ser de nuevo devorado. Al hombre, lo castiga con la mujer, ser con el que ni se puede vivir sin él ni con él. Tras este mito, quizás se pueda observar cierta reticencia cultural socio-política del antiguo pueblo heleno al progreso. En efecto, esta actitud tan moderna no existía al menos, de forma colectiva en la antigua Grecia, donde culturalmente dominaba el modelo temporal circular, donde todo se repite, y todo avance deriva en decadencia. Esto es bien conocido por los intelectuales, lo que no es tan conocido o reflexionado es el hecho de que esto no implica una total ausencia de la idea de progreso-mejoría-desarrollo en la antigua Grecia. Lo que sucede es que debemos buscar esta idea a nivel individual, no a nivel colectivo. La época Moderna (s. XVI d.C. en adelante) se caracteriza por un marcado espíritu de superación, la burguesía, el desarrollo de la técnica, la ingeniería, el método científico…hicieron de los siglos posteriores a la Edad Media una época espiritualmente prometeica. En la Antigüedad como comentaba, también existe en cierta medida esta idea prometeica, pero a nivel individual, no social. Quizás justamente, porque se confiaba en que el progreso se podría dar en la corta vida de un individuo pero no a lo largo de los siglos de un estado-nación, debido a esta idea de la circularidad. ¿Acaso no habla Platón de alcanzar una sociedad para él “perfecta”? En ese caso está indicando que el estado político-social de su tiempo es imperfecto y que debe ser mejorado. ¿Acaso no menciona la famosa máxima helénica “Conócete a ti mismo”? De nuevo ahí existe un marcado matiz de conocimiento en orden a la mejoría personal. En definitiva tendríamos otros tantos ejemplos, desde luego la confianza en el progreso personal en los griegos es incontestable, no en vano fueron el pueblo de la paideia, una de las concepciones educativas más sólidas y profundas. Por otro lado, lo que me interesa señalar especialmente es el hecho de que ese progreso individual en la antigua Grecia tenía un matiz mucho más ambicioso, parece como si fuese un intento de acercarse a los dioses. Adquirir una mentalidad y físico fuertes, para hacer frente a los embates del destino. Por otro lado sin embargo, aunque en la Modernidad esta idea de progreso se populariza, también se masifica y se torna demasiado primitiva. Pierde su carga elitista y pasa a ser un mero progreso técnico-social, no se habla tanto (aunque existen excepciones) de la ambición de asemejarse a los dioses. El progreso debe ser simplemente una mejoría en ingeniería que nos permita producir más, o comerciar más, o viajar más rápido por ejemplo. Se adecúa por tanto a las pasiones básicas de los sujetos. Mi apuesta, arriesgada y ambiciosa, sería la de aunar ese espíritu prometeico individual de los antiguos helenos con el sentido pragmático del desarrollo técnico moderno, obteniendo así una relación de retroalimentación entre el desarrollo social y el individual que nos permita como Civilización lograr las empresas más elevadas, yendo más allá de los instintos básicos y tratando de alcanzar respuesta a nuestra existencia así como lograr el total bienestar.

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