Al igual que Prometheus luchó contra los dioses en favor de la humanidad, este blog es el último bastión de lucha contra la dictadura de lo políticamente correcto.
sábado, 14 de octubre de 2017
EL MODELO LIBERAL Y LA “DOMA” DE LOS HOMBRES
EL MODELO LIBERAL Y LA “DOMA” DE LOS HOMBRES
ÓSCAR PENA ORO
Tal y como puede advertirse fácilmente, un servidor no comparte muchos de los postulados del famoso pensador Friedrich Nietzsche. La más importante de las diferencias, es que el alemán no concebía ningún tipo de fin o ideal más allá del mero vivir asumiendo de forma trágica la fatalidad que es la vida. Mi postura es, al contrario, radicalmente prometeica, radicalmente teleológica. El fin para mi debe ser el de desarrollarnos como Civilización para alcanzar cotas cada vez mayores de conocimiento y dominio del cosmos que nos permitan responde a cuestiones que considero esenciales: ¿Por qué el Ser? Y, aún más, ¿Debería ser el Ser?
Sin embargo, y sin resultar aporético, coincido con el citado pensador en relación a un par de tesis:
1- El principio en el Ser humano así como en el resto de cosas es la fuerza/capacidad de acción/poder/energía… y no la inteligencia. Más bien, la inteligencia no es sino un modo o manifestación de la fuerza. Esta es por otro lado, una forma más realista de comprender el intelecto humano, no como una bendición otorgada para la frivolidad, sino como un arma con la que el hombre pudo sobrevivir y convertirse en el súper-depredador que domina el mundo.
2- No existen hechos morales, sino posiciones morales. Son creaciones culturales humanas concebidas para diversos objetivos. Suponiendo que una moral determinada se extendiese a toda la población, seguiría sin probar la existencia de hechos morales, sólo probaría una determinación o limitación vital en ciertos seres. La predicación de propiedades tales como “valioso” o “desvalioso” de entidades naturales es una aportación humana a la observación. Lo que podría constituir un hecho es el que un sujeto defienda una posición moral o tenga una determinada moral. Pero eso no implica que esa moral sea un hecho del mundo, independiente de los sujetos. Dada una capacidad libre y total de formular juicios, los valores son contingentes.
A modo de derivación secundaria del punto 2, Nietzsche habla de lo que constituye la reflexión principal de este texto: el modelo liberal y la doma de los hombres.
El modelo liberal ha triunfado en el mundo, tanto con sus aspectos que considero negativos como positivos, así como en sus versiones menos intervencionistas (liberalismo clásico) como en sus versiones más intervencionistas (social-democracia, neoliberalismo). Principalmente, consiste en fundamentar la sociedad bajo el auto-interés mutuo o egoísmo en la defensa de la propiedad privada (corporal y capital). A partir de este egoísmo mutuo por proteger la propiedad, se hace innecesario ideologías paradisíacas, lealtad al estado…todo lo hace el propio egoísmo instintivo humano.
Pero claro, esta actitud vital puede llegar a exceder los límites de lo legal y permitido en cualquier sistema liberal: la propiedad. Para eso, es preciso educar y crear individuos pensados para que protejan la propiedad y para que consuman y oferten propiedades y así también contribuyan al mercado. Esto conduce a un sistema en el cual, el fomento de las capacidades intelectuales y físicas no tiene un papel especialmente importante, por no decir, ninguno. El individuo ideal para el sistema liberal sería el que: 1- respeta la propiedad, 2- apoya el mercado por medio de la compra de bienes y servicios y 3- paga sus impuestos.
Es por esto que Nietzsche detesta el estado liberal burgués moderno. No por su desigualdad, crítica típicamente socialista. Sino justamente por lo contrario, porque tiende a un igualitarismo mediocre en el que los individuos se ablandan y debilitan progresivamente sumidos en un hedonismo frívolo. Un modelo que crea una sociedad de ganado, progresivamente más estúpida (como algunos estudios atestiguan por medio de la demostración de que los individuos más deficientes procrean en mayor cantidad) así como físicamente más inútil.
“El democratismo ha sido en todas las épocas la forma de decadencia de la fuerza organizadora: en Humano, demasiado humano, I, 318, ya he caracterizado la democracia moderna, junto con sus medias tintas, por ejemplo «Reich alemán», como expresión de la ruina del Estado. Para que haya instituciones, tiene que haber una especie de voluntad, instinto, imperativo, antiliberal hasta la maldad: la voluntad de tradición, de autoridad, de responsabilidad por siglos enteros, de solidaridad de cadenas de generaciones hacia delante y hacia atrás in infinitum. Si se da esa voluntad, se funda algo como el imperium Romanum: o como Rusia, la única potencia que tiene actualmente duración en el cuerpo, que puede esperar, que todavía puede prometer algo” .
Para el alemán, la permisividad inconsciente de cualquier libertad negativa (como preferencia de los sujetos) junto al modo de vida “suave” burgués, no hacía más que debilitarnos. Y por eso, le resultaba repulsivo.
“nuestro «progreso»— constituye solo una de la consecuencias dentro del general amenguamiento de la vitalidad: cuesta cien veces más esfuerzo, más precaución, sacar adelante una existencia tan condicionada, tan tardía. Ahí nos ayudamos unos a otros, ahí todos somos hasta cierto punto enfermos y enfermeros. […]Nuestra suavización de las costumbres —ésta es mi tesis, ésta es, si se quiere, mi innovación— es una consecuencia de la decadencia; la dureza y la terribilidad de la costumbre pueden ser, a la inversa, una consecuencia de la sobreabundancia de vida: en efecto, entonces es lícito también arriesgar mucho, desafiar mucho, dilapidar también mucho. Lo que antes era la sal de la vida, para nosotros sería veneno…” .
A esto es a lo que se refería con “doma”. “En todas las épocas se ha querido «mejorar» a los hombres: esto sobre todo es lo que significaba «moral». Pero bajo la misma palabra está escondida la más diferente de las tendencias. Tanto la doma de la bestia hombre como la cría selectiva de una determinada especie de hombre se han denominado «mejora” . Y continúa:
Denominar a la doma de un animal su «mejora» es a nuestros oídos casi una broma. Quien sabe lo que sucede en las casas de fieras duda de que en ellas la bestia sea «mejorada». Se la debilita, se la hace menos dañina, se convierte, mediante la emoción depresiva del miedo, mediante el dolor, mediante las heridas, mediante el hambre, en una bestia enfermiza. No otra cosa sucede con el hombre domado, a quien el sacerdote ha «mejorado».
Estoy lejos de reclamar un retorno a un supuesto idílico estado natural, pero asimismo lo estoy de una negligente permisividad que ponga en compromiso nuestra fortaleza e ingenio. Lo que entiendo que debe ser la especie humana: una especie ambiciosa por desarrollarse y crecer física y mentalmente para expandirse. Y no una panda de reses ávidas de las meras necesidades básicas de cualquier alimaña: nutrición, relación y reproducción. De esto modo, lo que propongo es una libertad civilizada, que comprenda una protección de la propiedad y asimismo proporcione un canon de protección y desarrollo de las capacidades humanas que nos permita asegurarnos una digna evolución de nuestro intelecto y fuerza.
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